Plantas Ayurvedicas y Fitoterapia

Plantas Ayurvedicas y Fitoterapia

En la antigua China se contaba una historia relativa a un joven médico que recibió el encargo de su maestro de encontrar una sola planta que no tuviese propiedades medicinales. El joven se puso en marcha, recorrió valles y montañas; praderas y desiertos y al cabo de varios años regresó desolado. Maestro, he fracasado en mi empeño, dijo. He indagado, estudiado, incluso probado todas las plantas que me he encontrado en mi peregrinaje.... y no fui capaz de encontrar una sola planta que no tuviese propiedades medicinales.

El maestro, lejos de recriminarle por su fracaso, le reconoció como uno de sus mejores discípulos. 

Sirva esta historia como introducción a lo que espero sea un viaje apasionante por el mundo de las plantas medicinales. En efecto; no existe una sola planta por humilde que sea que no tenga propiedades beneficiosas para cualquier ser, sea animal o humano, ya sea como alimento o como medicamento.
No se puede negar que los avances de la medicina han servido para resolver multitud de problemas que en el pasado hubiesen significado la muerte. Sin embargo hay un hecho que reconocen incluso las autoridades sanitarias: el SETENTA POR CIENTO de los productos que fabrica la industria farmacéutica, son inútiles o poco efectivos. Esto quiere decir que estamos gastando el presupuesto de la sanidad pública en pagar recetas de productos que solo sirven para engordar las arcas de los laboratorios farmacéuticos.

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Se impone por tanto un cambio de visión. Es necesario que recuperemos la capacidad de gestionar nuestra salud de forma autónoma y rescatemos del pasado recursos que la naturaleza nos entrega generosamente para tratar dolencias que no necesitan de la intervención del profesional de la salud. Ya no sabemos que hacer cuando nuestro hijo tiene fiebre. Nos asustamos cuando alguien tose en casa. No sabemos resolver una diarrea. No sabemos dar un Masaje para resolver dolores de espalda. Hemos perdido totalmente la capacidad de ser autosuficientes con nuestra salud. Debemos conseguir con una auténtica cultura sanitaria que las salas de urgencias de los hospitales estén solo para eso, para las urgencias: un infarto, una pierna rota, un accidente, una complicación en el parto (que por otra parte habría que volver a hacerlo en casa), etc.

¿Utopía? Probablemente. Pero parafraseando a no me acuerdo quien, el siglo XXI será utópico.... o no será.

¿Y como podemos comenzar a hacer posible la utopía? Conociendo nuestro entorno. Todavía, aún, mientras el avance de la agricultura intensiva, irracional, tóxica y depredadora lo permita, vivimos en un espacio que nos ofrece miles de medicamentos gratuitos, sin fecha de caducidad, sin (demasiados) efectos secundarios, sin patente (todavía) y en permanente renovación de stock (como mínimo, cada año).

Pero basta ya de preámbulos y comencemos nuestra andadura con uno de los seres más cercanos a nosotros:

EL OLIVO:

Quizá sorprenda que este hermoso árbol sea el primero de lo que sin duda será un apasionante recorrido por lo que alguien dio en llamar la “botica del Señor”. Lo he elegido por que es emblemático de la cultura mediterránea y porque es bien conocido por todos nosotros aunque quizá no lo suficiente. De él se usa la corteza, las hojas, las aceitunas y por supuesto el aceite.

El aceite es un medicamento de primer orden desde la más remota antigüedad. Es un buen laxante tomando una cucharadita en ayunas. Este mismo aceite mezclado con yema de huevo calma el dolor de las quemaduras y es además un excelente producto de belleza nutriendo y protegiendo la piel y el cabello. En futuras aportaciones os hablaré del aceite como vehículo para multitud de plantas. Por ejemplo, aceite de romero, aceite de hipérico, aceite de caléndula.... hasta llegar a poder crearos vuestro propio armario de cosmética casera.

Pero tan importante como el aceite, lo son sus hojas. Aunque cuando me refiero a las hojas del olivo, siempre prefiero a su hermoso antepasado el acebuche, del que gozamos de varios hermosos ejemplares cerca de Alhama. Al ser un olivo silvestre, sus propiedades medicinales son más potentes.

Las hojas del olivo usadas en infusión regulan la tensión arterial, sobre todo si se combinan con las flores de otra planta bien interesante y de la que también hablaremos: el espino blanco o majuelo. Además se ha demostrado que su uso refuerza las defensas y previene y cura muchos procesos infecciosos. También actúan contra la fiebre y aumentan la producción de orina.
La corteza actúa como cicatrizante en heridas y expulsa lombrices intestinales.

Recetas:

Cura estacional para desintoxicar el hígado:

Este es un remedio tradicional que permite mantener nuestro hígado en buen funcionamiento y ayuda a resolver gran cantidad de problemas digestivos y circulatorios. Mantiene a raya el colesterol y puede eliminar muchos dolores de cabeza.

3 cucharadas de aceite de oliva
El zumo de medio limón
El zumo de una naranja
3 dientes de ajo
Batir y tomar en ayunas durante 14 días al comienzo de cada estación. Es muy recomendable realizar la cura durante el creciente lunar.

Bálsamo de samaritano:

Excelente para heridas, llagas, quemaduras y úlceras cutáneas.
Mezclar a partes iguales: aceite de oliva, vino blanco y clara de huevo. Batir y usar a discreción en las partes afectadas.

Para el pelo:

Masajear el cuero cabelludo todas las mañanas con aceite de oliva, suavemente y dejar reposar unos minutos antes de ducharse. Si ha quedado muy grasiento puede usarse un champú neutro. Este Masaje además es extraordinario para la tensión nerviosa y el estrés, sobre todo si nos lo dan....

Pomada casera de aceite de oliva:

Mezclar al baño maría una parte de cera virgen y tres partes de aceite de oliva virgen. Cuando se ha disuelto la cera, dejar enfriar removiendo de vez en cuando.
Esta pomada es extraordinaria para piel seca, grietas, eccemas, piel irritada, etc.

Otra planta muy cercana a nosotros es el GRANADO.

Aunque fue introducida en nuestro país desde India y Persia por los árabes precisamente por sus virtudes medicinales, en la actualidad solo es apreciado por sus frutos, que de por sí son ya un importante medicamento.

Del granado pueden usarse la raíz, la corteza, las flores, los granos del fruto y el propio jugo.

La corteza de la raíz elimina parásitos intestinales. La corteza del árbol y del fruto controlan hemorragias y son antidiarréicas.

El fruto y sobre todo sus semillas ataca de forma muy activa a la tenia o solitaria.

El zumo es refrescante y se usa para gastritis y acidez de estómago. Si el zumo está agrio es excelente para bajar la fiebre.

Cuando se concentra, se conoce con el nombre de granadina y combate eficazmente la tos como un jarabe natural.

Recetas:

Parásitos intestinales:

Corteza o raíz de granado: Un puñado en medio litro de agua. Cocer hasta que reduzca a la mitad. Tomar en tres veces, cada media hora.

Cólicos o diarreas:

Un puñado de corteza de granado en un litro de agua. Cocer durante 20 minutos y beber cuatro tazas al día.

Enjuague bucal para encías inflamadas e irritadas:

En medio litro de agua hirviendo, un puñado de flores de granado dejado en infusión durante una hora. Colar y usar para enjuagues. Sirve también para gargarismos en caso de inflamación de garganta.

Gastritis y fiebre:

Exprimir el jugo de la granada haciendo unos cuantos agujeros en la base del fruto y estrujándolo. Una vez extraído el zumo, aromatizarlo con un poco de canela en polvo y endulzar con miel. Es también un excelente refresco para días calurosos.

ROSAL SILVESTRE:

Como habréis podido observar me estoy centrando en aquellas plantas que cualquiera puede reconocer de inmediato. El rosal silvestre, como sin duda sabréis, produce en esta época un frutito de color rojo llamado escaramujo y que es extraordinariamente rico en vitamina C. En muchos lugares de Europa donde los cítricos son escasos, es muy común usar la pulpa para hacer mermeladas que con un delicioso sabor agridulce, nos preparan para el invierno. Si os animáis a usar estos frutos tened la precaución de eliminar los pelitos que encontraréis al abrirlo, ya que son muy irritantes.

También se usan la raiz y las hojas como antidiarreicos en decocción.

Cuando llegue la primavera, podemos recoger las flores y secarlas. Con ellas vamos a poder fabricar algunos de los siguientes remedios:

Líquido para quemaduras, picaduras de insectos y urticaria:

Hervir medio litro de vinagre de vino de buena calidad y verterlo en una botella con un puñado de pétalos de rosal silvestre frescos. Tapar la botella y ponedla al sol durante 15 días. Filtrar y guardar. Se usa empapando un algodón y poniéndolo en la parte afectada.

Para la inflamación de los ojos:

10 gramos de flores en medio litro de agua hirviendo. Reposar media hora y filtrar. Usar con compresas o para lavado de ojos.

La siguiente planta de entre las que podemos encontrar en nuestros paseos otoñales es el ROMERO:

Es otro viejo conocido de la medicina popular. Por su abundancia ha sido usado desde la más remota antigüedad para múltiples dolencias. Preferiblemente son usadas las sumidades floridas; es decir las partes tiernas de las ramas que poseen flores.

Tiene propiedades estimulantes en casos de cansancio crónico; mejora la memoria, es digestivo, estimula el funcionamiento del hígado y estimula el apetito. Dado sobre la piel mezclado con aceite o con alcohol (el famoso alcohol de romero), es antirreumático y mejora la circulación aportando calor en tiempo frío. Además, el alcohol de romero se ha usado contra la caída del cabello por el efecto estimulante de la circulación sanguínea. Como aromática y condimentaria es suficientemente conocida por usarse en la cocina para guisos y salsas.

Formas de uso:

Alcohol de romero:

La forma más sencilla es llenar un tarro de romero fresco y cubrirlo de un aguardiente de buena calidad dejándolo en un lugar cálido durante 15 días y filtrar. Puede usarse para friegas en articulaciones doloridas, lumbagos provocados por el frío y la humedad y en golpes.

Aceite de romero:

Llenar un tarro de romero fresco y cubrir con aceite de oliva virgen. Dejar el sol durante 40 días y colar. Puede usarse en golpes, como protector y desinfectante de heridas y llagas y para Masaje en reuma y articulaciones doloridas. En tiempo frío previene enfriamientos si se usa para masajear los pies.

También puede usarse como condimento en ensaladas y guisos.

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